Ayer 5 de septiembre en Sala Metrónomo se vivió un reencuentro muy esperado. Tras un largo silencio en los escenarios santiaguinos, Tenemos Explosivos volvió con un concierto sold out que dejó en claro por qué su nombre resuena como una de las propuestas más singulares y de culto dentro del post-hardcore latinoamericano.
Desde antes de que se apagaran las luces, la expectación se manifestaba clara. El público había agotado las entradas en tiempo récord, y muchos llegaron con horas de anticipación para asegurarse un lugar en la primera fila, lo cual no siempre se ve en estos conciertos. La sensación era familiar: entre abrazos, conversaciones y caras conocidas, se formaba una comunidad que solo una banda como Tenemos Explosivos logra convocar. “Pareciera que estuviéramos en una sala de ensayo, hay muchas caras conocidas”, expresó en medio del show el vocalista Eduardo Pavéz, quien volvió a encontrarse con sus seguidores y amigos después de su arribo a Chile.
“Fuego En La Isla De Piteas” del álbum “La Virgen De Los Mataderos” fue la primera canción del setlist, comenzando con algo pesado para recordar tiempos pasados. El público se encendió con urgencia y se empezó a separar el centro de Metrónomo, dando forma al necesario e inevitable moshpit.


El concierto, de larga duración y sin teloneros, reunió lo mejor de sus cuatro discos de estudio. Con un repertorio de 21 canciones, la banda desplegó un recorrido sonoro que fue desde sus inicios más crudos hasta las composiciones más elaboradas de su último disco Cortacalles (2022), consolidando una propuesta que se distingue tanto por su fuerza musical como por la carga emocional y política de sus letras.
La formación completa —Pavéz en la voz, los guitarristas Juan José Sánchez y René Sánchez, el bajista Álvaro Urreay el baterista Matías Gray— logró una función sin pausas, directa, frontal, con su mensaje igual de claro que siempre.
En escena, los mensajes continuaban firmes: desde la bandera palestina pegada en los amplificadores y la bandera negra que decía: “Para escribir poesía que no sea política, debo escuchar a los pájaros, pero para escuchar a los pájaros hace falta que cese el bombardeo”, hasta las cápsulas de audios y videos que intercalaban entre canciones, recordando que el proyecto siempre ha funcionado como un espejo y un registro de nuestra historia reciente y pasada, personal y colectiva, todo al mismo tiempo.


Tenemos Explosivos se distinguen claramente por la atmósfera que transmiten. Si bien sus letras de renombre y sonidos elevados del post-hardcore son intensos, toda su puesta en escena y su brío son, quizás, lo más atrapante de la banda. Su público de siempre se enreda con nuevos oyentes que llegan atraídos por la intensidad de su propuesta y así se creó un coro colectivo que cantó y gritó con la misma energía. Esa conexión se sintió desde la salida a escena de la banda, cuando la sala completa se convirtió en una. Obviando su potencia escénica, la lírica de Tenemos Explosivos funciona como un mosaico, refleja dolores, fracturas y memorias de la sociedad.
El regreso a la Sala Metrónomo fue un pedazo de historia, un recordatorio de que la música, cuando es honesta y necesaria, puede convertirse en un archivo de memoria y resistencia. Para quienes estuvieron ahí, la experiencia quedará grabada en la retina musical colectiva. Y para quienes no, queda claro el recordatorio de que cuando Tenemos Explosivos se reúne, es regla no perdérselos.





