El retorno del funk: Entrevista a Papanegro tras una década de silencio

Por: Anacaren Burgos

Mencionar a Papanegro es referirse a una de las piezas fundamentales del funk y el soul en Chile durante el cambio de milenio. Surgida bajo el alero de la emblemática corporación cultural Balmaceda 1215 (actual Balmaceda Arte Joven), la banda no tardó en destacar por un sonido que mezclaba el groove más puro con una sensibilidad pop y letras que capturaban la identidad urbana nacional. Con discos fundamentales como SuperActivo (2003) y Compacto(2005), el grupo se consolidó con un sello escénico que los convirtió en una parada obligatoria para cualquiera que decida explorar la historia del funk chileno.

Hoy, en este 2026, el silencio se rompe. Con millones de reproducciones acumuladas en plataformas digitales y una nueva generación de oyentes que nunca tuvo la oportunidad de verlos sobre un escenario, Papanegro anuncia su regreso oficial. En esta conversación íntima, Guayi y Patricio desmenuzan cómo la amistad ha sido el escudo protector del proyecto y por qué el hito de este 14 de febrero en el Bar Trotamundos de Valparaíso marca un nuevo punto de partida.

¿Cómo se siente volver a decir «somos Papanegro» después de casi una década y qué cambió en sus vidas personales o musicales para que este 2026 fuera, finalmente, el año del regreso?

Guayi: Es interesante plantearlo así, porque en realidad nosotros nunca dejamos de sentir que éramos Papanegro. No fue algo que simplemente pasó; fue una decisión interna y por eso nunca emitimos un comunicado oficial anunciando una pausa definitiva. Cuando nos preguntaban, simplemente decíamos que no estábamos tocando, pero al ser algo tan nuestro, el regreso jamás estuvo descartado. Efectivamente, ahora calzó todo: nuestros tiempos, nuestras ganas y la energía. Estamos aquí de vuelta para disfrutar y, sobre todo, para disfrutarnos entre nosotros.

Muchos de sus seguidores destacan que vuelven desde el reencuentro de una amistad de décadas. ¿Cómo se evita que la banda se convierta en una «empresa» y siga siendo ese espacio de juego entre amigos?

Patricio: Esa siempre ha sido la dinámica de nosotros. Independiente de que es muy difícil separar lo artístico de lo administrativo —porque en Chile la industria es compleja y ambas cosas deben ir de la mano—, el núcleo esencial siempre ha sido la amistad, el cariño, el amor y la música que hemos construido. Esa es la lógica que releva nuestro trabajo y esta vuelta.

Para nosotros ahora las expectativas están más bajas. Estamos obviamente una década más grandes y esa vuelta también genera una tranquilidad y una estabilidad que hace que el proceso sea mucho más tranquilo. No estamos tan pendientes de si resulta o no resulta, sino que lo fundamental es volver a pasarlo bien, a detenerse a disfrutar, a jugar y a darle una vuelta de nuevo a las cosas.

Guayi: La herramienta principal para evitar que esto se convierta solo en una empresa, es la confianza. Desde nuestros inicios fuimos muy democráticos, incluso con el dinero; desde la primera vez que nos pagaron, la pregunta siempre fue: «¿qué hacemos con esto en función del grupo?». Por eso, volver sin alguno de los integrantes era inconcebible. Al final, el proyecto es nosotros. El nombre no es más grande que la gente que lo compone, y los egos se han manejado bien gracias a ese cariño de años.

Durante este receso, su música siguió sumando millones de reproducciones en el tiempo. ¿Cómo se procesa saber que hay toda una generación —hablando de Millennials y Centennials en esa índole— que se hizo fan de Papanegro por Spotify sin haber tenido nunca la oportunidad de escucharlos en vivo?

Guayi: ¡Van a quedar impresionados! Esa es la idea. Internet ha permitido que una generación nueva llegue a nuestra música libre de las etiquetas que existían antes, cuando la popularidad se medía solo por sonar en la radio o por cuánta gente llevabas a un concierto. Hoy los jóvenes escuchan la discografía de corrido; quizás no saben cuáles fueron los singles, pero conocen el contexto completo de la banda. El 14 de febrero será el momento de verlos a ellos reaccionar en vivo. Será un experimento emocional muy bonito. Lo que pase en esa cancha, el «aplausómetro», definirá mucho de nuestros planes a futuro.

Ustedes vienen de una escuela más «under» para ganarse un lugar, como en Balmaceda 1215. ¿Cómo ven la escena actual chilena, donde lo digital y lo urbano manda, comparada con la escena de los 2000 donde ustedes se forjaron?

Patricio: Lo veo como procesos y etapas diferentes. Por experiencia propia —mi hijo es músico y está inserto en esta lógica actual— noto que los mecanismos han cambiado. Siento que Chile, como promotor de bandas, no está haciendo la pega del todo bien. Hay mucho talento joven generando contenido, pero todo está muy volcado hacia lo viral, y en esa inmediatez se pierde profundidad. Como banda, queremos que si se dan más fechas, podamos invitar a gente nueva para que nos telonee. A nosotros nos costó mucho partir y recibimos apoyo en su momento; queremos devolver esa mano.

Guayi: Siento que nuestro regreso calza con un momento en el que se empieza a extrañar la música en vivo. Históricamente, lo nuevo no mata a lo anterior, sino que lo diversifica. El cine no mató al teatro, ni la televisión al cine. El vinilo, por ejemplo, se quedó porque es como la bicicleta; una tecnología bella y perfecta en su función. Tocar música en vivo no va a desaparecer, se va a ampliar. Incluso los artistas urbanos más relevantes están llevando sus producciones de laptop a formatos de banda en vivo porque ahí está la verdadera fuerza.

Ustedes vivieron hitos muy grandes mediáticamente hablando. En ese sentido, ¿qué es lo que más les dolió o lo que más extrañaron de dejar de hacer música durante estos nueve años de receso?

Patricio: Sin duda, el tocar en vivo. Ya sea en un festival grande o en un club, lo que más se extraña es transmitir y recibir ese feedback inmediato de lo que uno hace en la sala, de lo que planificaste, de tu letra, de tu música. Ver cómo algo tan personal conecta con alguien es lo que uno más echa de menos. Ese intercambio de energía solo se da ahí, más allá del cariño que la gente te exprese por redes sociales.

Guayi: Yo le sumaría el ritual de juntarse. Antes de subir al escenario, está la convivencia previa que es exquisita. Nosotros nos cagamos de la risa revolcándonos en el suelo por el nivel de confianza y el lenguaje propio de tantos años. Extrañábamos jugar con los amigos para llegar a esa explosión final que es tocar, que no es otra cosa que comunicación pura entre nosotros todo el rato.

Eligieron Valparaíso y el Bar Trotamundos para el debut el 14 de febrero. ¿Por qué el puerto? ¿Tiene algo de especial esa zona o hay un motivo detrás de la descentralización?

Patricio: En realidad, ellos nos eligieron a nosotros. Nos plantearon esta opción y fue uno de los pilares fundamentales para que el proyecto se pusiera en marcha nuevamente. Había un buen escenario, un excelente local y el entorno de Valparaíso en verano era ideal. Nosotros nunca perdimos el contacto, pero esta propuesta fue el hito que nos permitió ordenarnos y decir: «ahora es el momento».

Guayi: Calzó de manera mística y romántica. Tiene mucho que ver con la visión de la gente del Trotamundos, esa delicadeza de amar la música y querer aportar a algo más grande. Durante años me preguntaron cuándo volveríamos, y mi respuesta siempre fue que lo haríamos cuando existieran las condiciones para que nosotros pudiéramos concentrarnos simplemente en compartir y tocar, sin preocuparse de la infraestructura. Hoy la técnica está mucho más avanzada que hace una década y queremos aprovechar eso para hacer las cosas bien, por respeto a nosotros y al público.

¿Cómo se decide qué tocar después de 9 años? ¿Habrá espacio para esas «joyas ocultas» del catálogo que no fueron singles pero que los fans más fieles valoran mucho?

Guayi: Si analizamos nuestra historia, no tuvimos tantos singles en comparación a todo el material que podemos defender en vivo. Estamos seleccionando temas bajo el criterio de la experiencia, aquellos que sabemos que funcionan. Quizás para los nuevos fans sea un show de «grandes éxitos», pero después de este hito evaluaremos hacer presentaciones más íntimas para tocar esas «joyas ocultas» que tanto disfrutamos. El Trotamundos nos puso «tierra firme» para construir. Cuando la banda entró en pausa, fue porque las energías estaban dispersas; sostener una banda en Chile es una tarea titánica.

¿Este show en Valparaíso es un hito único de celebración o ya hay planes concretos de entrar al estudio a registrar nuevo material? ¿Existe ya ese «humo blanco»?

Patricio: Para nosotros la creación es fundamental. Hacer cosas nuevas nos hace revivir y reencontrarnos con lo que fuimos y con lo que somos ahora. Es indispensable. No tenemos una fecha concreta porque vamos paso a paso, trabajando de forma ordenada para no repetir errores del pasado. Pero la perspectiva de generar música nueva está ahí; va a brotar en los ensayos, como ha sido siempre.

Guayi: Estamos en esa sintonía, pero sin presiones. Existe una curiosidad genuina de nuestra parte por ver qué va a pasar musicalmente en esta etapa. Es muy probable que de esa curiosidad y de la energía que tenemos hoy, surjan resultados similares a los del pasado: música que nace de las ganas de transmitir lo que nos pasa cuando estamos juntos.