En 2026, asistir a un concierto de AC/DC no es solo presenciar a una de las bandas más longevas del hard rock. Es participar de un ritual físico que parece ir a contramano del presente. Los australianos, frente a múltiples conciertos diseñados para ser consumidos desde la pantalla del teléfono, reducen la experiencia e insisten en algo más elemental como el volumen y la resistencia. En palabras del propio Angus Young “tocar fuerte y dejar que la energía inunde al público”.
Esa lógica se pondrá a prueba el 11 y 15 de marzo en nuestro país, dos fechas que no solo medirán convocatoria, sino también la capacidad de una banda veterana para sostener, en tiempo real, la intensidad que ha definido su historia.

El componente en vivo adquiere un nuevo significado cuando se considera el contexto. Con Angus Young superando los 70 años y una trayectoria que ha atravesado pérdidas cruciales, no se presentan como un recuerdo de otra época, sino como una banda que todavía funciona en el presente. Con canciones construidas sobre riffs sólidos, una base rítmica firme y un show que no necesita nada más que su nombre, mantienen una decisión super clara: tocar fuerte, tocar simple y tocar como siempre lo han hecho.
Hay una dimensión corporal que atraviesa todo el show. El impacto del sonido es literal. De hecho, hace unas semanas en un concierto de AC/DC en Melbourne, los sensores sísmicos locales detectaron la vibración del show debido a la combinación de volumen y saltos del público, hasta el punto de que se registró como una señal con valores semejantes a un movimiento telúrico.

La cultura del aguante, históricamente vinculada al fervor juvenil, en los conciertos de AC/DC es transversal. En el público se mezclan veteranos, veinteañeros, padres e hijos, familias enteras, con un guante que no pasa solo por saberse las canciones, sino en sostener dos horas la intensidad real del concierto. Y ese aguante no corre en una sola dirección. También es el de la banda, que sostiene la intensidad y asume el desgaste como parte del oficio.
Las fechas del 11 y 15 de marzo van más allá del ritual del concierto, porque que una banda histórica convoque dos conciertos llenos habla de una vigencia concreta. AC/DC basa su permanencia en una fórmula que sigue funcionando en vivo. Y en Chile, la apuesta será sostener esa intensidad y participar de la maquinaria sonora que exige compromiso corporal tanto arriba como abajo del escenario.


