El paso de John Lydon por Blondie dejó la impresión de una descarga marcada por la irreverencia. Al frente de Public Image Ltd, el histórico ex Sex Pistols volvió a un escenario chileno reafirmando su lugar como figura clave del post punk, en un show que apeló a la vigencia de una propuesta que desde fines de los 70 rompió con los moldes del punk más ortodoxo.
Formada en 1978 tras la disolución de los Sex Pistols, PiL se convirtió en un proyecto donde Lydon empujó los límites hacia terrenos más experimentales, incorporando dub, electrónica y estructuras menos convencionales. Esa identidad, más abierta, sigue marcando su sonido en vivo, donde las canciones se estiran, se tensan y se reconstruyen sobre la marcha. Discos como Metal Box siguen funcionando como punto de referencia para entender esa ruptura.

La apertura estuvo a cargo de Colombina Parra, con un show eléctrico que preparó el terreno desde la intensidad, marcando un contraste efectivo antes de la entrada de la banda británica.

Mohicanos, cabellos teñidos, tachas y chaquetas de cuero fijaron una imagen que cruzaba décadas. Sobre el escenario, Lydon —y a ratos asomaba algo de Johnny Rotten— canalizó una energía desafiante, entre baile, gritos e ironía, sosteniendo un ritmo punzante que obligaba a moverse. La banda, sólida y precisa, sostuvo ese pulso con una base rítmica constante que permitió que la voz y la actitud de Lydon se movieran con libertad.
“World Destruction”, colaboración con Time Zone y Afrika Bambaataa, dijo presente en el set y se sintió como debía, con ese peso intacto en vivo.
El punto más alto llegó con “This Is Not a Love Song” y “Rise”, coreadas con fuerza por un público que respondió desde el primer momento. La relación entre banda y audiencia fue directa, ruidosa y bailable, con una energía sostenida que empujó la noche sin pausas. Con luces rojas y una gestualidad marcada, el show se sostuvo como un impacto continuo, reafirmando que el punk no envejece, solo se transforma.




