Bôa en Chile: Un debut íntimo, emocional y sorprendentemente poderoso

Bôa y el público chileno combinan sorprendentemente bien. La banda inglesa ofreció toda su intensidad en el Teatro Coliseo, generando una atmósfera casi ritualística entre canciones. Su debut en nuestro país no solo estuvo marcado por la presencia de clásicos, sino también por la fuerza emocional que siempre ha acompañado su música y que, en vivo, alcanzó un nivel completamente distinto. 

El inicio con “Deeply”, de su álbum Twilight (2001), fue una apertura perfecta para preparar al público para una noche cargada de nostalgia. A continuación sonó “Whiplash”, una pieza extremadamente sincera perteneciente a su último álbum, que lleva el mismo nombre. La banda siguió el recorrido emocional con “Get There”, posiblemente una de sus canciones más nostálgicas y transparentes. Jasmine Rodgers interpretó cada verso con una honestidad notable, cantando sobre la lucha por mantener claridad mental en medio del caos cotidiano. Desde el primer acorde hasta su cierre, la interpretación se sintió como un hechizo.

Luego llegó el turno de “Beautiful & Broken” y “Seafarer”, también de su más reciente disco. La primera, con un instrumental dulce y una letra que abraza la vulnerabilidad personal, se sintió como un momento íntimo entre la banda y los asistentes. En cambio, “Seafarer” trajo una energía distinta, marcada por el desamor y una intensidad que contagió rápidamente al público, que terminó saltando y cantando con fuerza en el coro.

La noche avanzó con “For Jasmine”, un clásico indispensable de su primer álbum. Apenas comenzó, el público respondió al unísono, coreando cada palabra como si la hubiera estado guardando por muchos años. Ese momento marcó un punto de unión. A medida que el concierto avanzaba, el ambiente se volvía cada vez más hipnótico. Bôa proyectaba una especie de magia difícil de describir, una energía que se movía entre la emotividad y la catarsis.

Cuando sonó “Drinking”, más de uno terminó con lágrimas en los ojos, mientras que la versión acústica de “Frozen”dejó al Coliseo completamente en silencio por un minuto, como si todos estuvieran aguantando la respiración. Después, “Angry”, de su álbum «get there» (2005), introdujo una faceta más intensa y pesada del grupo, donde la voz de Jasmine, siempre expresiva y potente, destacó aún más. El tramo final del concierto estuvo marcado por un encore que encendió nuevamente al público. Sonaron clásicos como “Elephant”, “Fool”, “Twilight”, “Walk With Me”, y por supuesto, la más esperada de todas: “Duvet”, que desató un coro masivo imposible de ignorar. Cuando parecía que ese sería el cierre, la banda sorprendió con un último regalo:“Anna Maria”, un tema que no estaba incluido originalmente en el setlist del tour, pero que decidieron dedicar especialmente al público chileno, cerrando la noche con un gesto que dejó a todos con una sonrisa.