Love of Lesbian regresó a nuestro país este 9 de diciembre con esa mezcla tan suya de rito, desahogo y camaradería que, a estas alturas, ya parece una cita fija con su público chileno. Renovando una hermandad que sigue creciendo cada vez que vuelven. El Teatro Coliseo se fue llenando de a poco, con esa ansiedad luminosa que se nota cuando una banda llega en un momento particularmente intenso de su historia. Venían con Ejército de salvación todavía fresco, pero también con el pulso emocional de La Hermandad, esa gira que ha reforzado la idea de que en tiempos inciertos, con la derecha creciendo y el fascismo asomando otra vez, lo que queda es la emoción compartida entre quienes se encuentran en un mismo lugar para cantar y que todo desaparezca un poco.
Desde que Santi Balmes pisó el escenario, el ambiente se cargó de electricidad. Esa presencia tranquila, medio mística, que mostró en Guadalajara hace unas semanas volvió a replicarse acá. Chile siempre ha sido un lugar donde la banda se muestra tal cual es, y lo de anoche lo confirmó otra vez. “Ejército de salvación” dio el inicio con fuerza, seguido de “Cuando no me ves”, y desde ahí el público ya estaba rendido. “Bajo el volcán” marcó el primer gran estallido colectivo, mientras que “Noches reversibles” confirmó que había algo prendido en el aire que no se iba a apagar en todo el concierto. Con “La niña imantada” y “Sesenta memorias perdidas”, el Coliseo entró en ese estado de nostalgia luminosa que solo Love of Lesbian sabe provocar.

El recorrido emocional siguió con “Contradicción”, “Cosmos” y “1999”, una secuencia que agarró al público por la mitad y lo dejó sin escapatoria. “Qué vas a saber” y “Los males pasajeros” tensaron el ambiente hacia lo íntimo, mientras que “El mundo” junto a Fran Quintero se sintió como un pequeño respiro antes de otra subida: “Belice”, que movió al recinto completo como si fueran uno solo. Después vinieron “La Champions y el mundo” y “La Hermandad”, donde el coro se volvió prácticamente una masa, y “Incendios de nieve”, que cayó como una de esas canciones que todos esperaban sin decirlo. El cierre previo al bis llegó con “John Boy”, cantado como si fuera un viejo mantra de los raros.
El regreso tuvo ese clásico tironeo del público chileno, que no los suelta fácil. “Allí donde solíamos gritar” en versión acústica con banda fue una de las postales más emotivas de la noche, seguida por “Los irrompibles”, “Planeador” y “Onírica e insomnia”, que terminaron de redondear un concierto que no buscaba ser perfecto, sino honesto, directo a nuestros corazones.

Entre canción y canción, la banda dejó caer guiños que confirman su momento actual: la amistad como centro, la “habitación 105” convertida en mantra, y ese recordatorio de que después de 25 años —y decisiones difíciles, como bajarse de festivales ligados a KKR— lo único que no quieren perder es la honestidad.
Love of Lesbian vino a encontrarse. Y el público chileno respondió como siempre, con esa mezcla de cariño, memoria y complicidad que ya es parte de la relación entre ambos. Este concierto terminó siendo la confirmación de que, cada vez que vuelven, la historia sigue sumando capítulos que se sienten igual de vivos que el primero.


