Anoche en SurActivo, Babasónicos volvió a demostrar por qué sigue siendo una de las fuerzas más sólidas del rock y pop argentino. Y lo hizo con un show directo, bien armado y sostenido por un repertorio que hoy funciona como un radiografía emocional de distintas etapas de su carrera. Si en sus comienzos se movían como un islote de vanguardia en medio de la cultura pop, cada disco posterior fue empujándolos a un nuevo territorio: del vértigo experimental de su primera época al golpe de masividad con Jessico, Infame y Anoche, y luego a la búsqueda más electrónica y conceptual que estalló con Trinchera. Hoy, con Cuerpos, vol. 1, Babasónicos parece plantarse desde otro ángulo, menos reflexivo, más físico, más consciente del clima extraño de la época. Ese tránsito —que se siente como una narrativa continua en su obra— en Concepción se volvió evidente. En un recinto que estaba preparado con sillas —una rareza para un concierto de esta intensidad—, pero el orden duró apenas minutos: en cuanto Adrián Dárgelos apareció en escena, el público penquista se puso de pie y convirtió el lugar en un espacio vivo, eléctrico.
El setlist se movió entre el pulso más reciente de Trinchera, la transición hacia Cuerpos Vol. 1 y varios clásicos de la banda. Desde el arranque quedó en claro que apostaban por un sonido limpio y contundente, con las guitarras marcando densidad y los sintetizadores sosteniendo la atmósfera nocturna que ya es sello de esta etapa. “Mimos son mimos”, “Paradoja” y “Mentira nórdica” funcionaron como recordatorio del período pandémico que empujó a la banda a componer desde la introspección, pero en SurActivo mostraron otra cara: en vivo se sintieron más firmes, más expansivas, con un pulso que reveló cómo esas canciones crecieron fuera del estudio y encontraron una energía distinta sobre el escenario.

La respuesta del público fue inmediata en los momentos más icónicos. “Los calientes” desató la primera explosión de la noche, mientras que la combinación de “Carismático” y “Yegua” levantó un coro masivo que hizo retumbar el recinto. Ya entrada la segunda mitad del show, “Putita” terminó de romper cualquier distancia entre banda y audiencia. Dárgelos, en su clásico rol de frontman entre seductor y provocador, manejó el escenario con soltura y precisión, confirmando una vez más su capacidad de sostener el clima sin necesidad de sobreactuar.
Uno de los puntos altos del concierto llegó con “La pregunta”, ese tema que siempre parece funcionar como un relato dentro del propio show. Sonó increíblemente contundente: su crescendo y su mirada crítica sobre la época encontraron eco directo en la sala, reforzando el comentario social que Babasónicos lleva años deslizando. Para el cierre, “El colmo” volvió a cumplir su rol habitual de despedida, ejecutada con la naturalidad de un gesto que conocen de memoria y que el público recibe como una última complicidad antes de apagar las luces.

El paso de Babasónicos por Concepción dejó en claro que la banda está en un momento de madurez escénica y creatividad consistente. Fue una presentación que equilibró concepto, oficio y sensibilidad. Y el público, que desde el primer minuto eligió pararse y vivir la experiencia como debía ser, respondió con la fuerza de una ciudad que se siente parte de la historia grande del rock.



