El lunes 1 de septiembre en Bar Galería Aura, Acuario mostró por primera vez su proyecto con banda completa. El lugar, donde la música convive con esa atmósfera visual de galería de arte, se volvió el escenario perfecto para una presentación que tuvo más la calidez de un encuentro que un concierto como tal.
La voz de Acuario se te mete bajo la piel. Tiene un carácter ceremonial, casi hipnótico, que parece entrar por los sentidos y quedarse dentro, latiendo. Hay momentos en que se percibe la misma melancolía luminosa de Weyes Blood, y otros en que la densidad recuerda a los viajes de Elizabeth Fraser, Sigrid o incluso a Trish Keenan. Pero su propuesta no se siente heredada, es un timbre propio, orgánico, que varía entre lo etéreo y lo terrenal. Esa identidad se acentúa en vivo, donde cada canción adquiere un carácter irrepetible.
La banda completa le dio un nuevo espesor a canciones como Mandarinas o Venus en Piscis que sonó más profunda, con un pulso grave que acompañaba los matices. Las texturas se expandieron, se hicieron más explosivas, con la inclusión de Seba Gutiérrez en la batería, acompañando a Matias Suazo en guitarra y Pelao Cartes en bajo, pero siempre fue la voz la que mandó. Una fuerza que seduce y arrastra, un canto que parece venir desde adentro y que obliga a prestarle toda la atención posible.


En la escena independiente nacional abundan proyectos interesantes, pero Acuario de alguna forma se instala distinto. Hay algo en Camila que revela una autenticidad pura, una dulzura vocal que pocas veces se ve, pero también voluntad de riesgo. Es un proyecto que busca abrir un espacio de conexión, casi íntimo, entre quien canta y quien escucha. Esa complicidad se notó con fuerza en Galería Aura, donde quienes asistieron no solo presenciaron un debut con banda completa, sino también la consolidación de un lenguaje propio que recién empieza a desplegarse.
Camila Ojeda, la misma que alguna vez ganó Talento Chileno y firmó con Sony, reaparece ahora con un proyecto más maduro, más personal, más libre. Acuario es, en ese sentido, un renacer. Una propuesta marcada por el amor, que se mueve entre lo delicado y lo intenso con una sinceridad que se siente en cada nota. Recomendable quizás no es suficiente, Acuario es un proyecto necesario de seguir. Porque no todas las voces dejan un lugar detrás suyo, ni una sensación de que algo importante acaba de suceder. Camila sí. En Aura quedó en claro que lo suyo va más allá de las canciones, que su voz puede sacudirte y sostenerte al mismo tiempo, y que lo que empieza a desplegarse promete permanecer, latente, mucho después de que se apaguen las luces.




