Anttonias acaba de lanzar su primer disco, un debut que confirma lo que ya se intuía en sus primeras canciones: hay frescura, hay melancolía y un sonido que se mueve entre guitarras urgentes y melodías que traen la memoria de los noventa. Pero más allá de la superficie, lo que impresiona es la manera en que la banda instala su propio sonido en una escena chilena donde el rock hace tiempo que no ocupa el centro de atención, pero sigue apareciendo con nuevas formas, cambiando de piel, encontrando nuevos lugares y voces.
El disco cuenta con ocho canciones que respiran adolescencia, que laten como un corazón acelerado y que encuentran su fuerza en esa mezcla de fragilidad y guitarras. Y por eso vale la pena recorrerlo tema por tema, porque cada canción abre una puerta distinta. La intimidad que arrastra Almendra, el deseo confesional en Dulces corazones, la intensidad abrasiva de Adicciones, coronas y flores, hasta el cierre denso y definitivo de Alma animal. Un debut que no necesita explicación extra por que habla por sí solo y lo hace fuerte.

Almendra
El disco arranca con “Almendra”, con guitarras que flotan en un delay húmedo y una voz cargada de melancolíanoventera. Es una canción que respira, que se toma su tiempo y te arrastra sin avisar hacia su intimidad. Y ahí está la primera pista de Anttonias. Les interesa las sensaciones más que el ruido, lo contenido, jugar con la melancolía. El mismo nombre tiene todo el sentido del mundo. Una semilla que guarda algo que todavía no germinó, una promesa que late silenciosa dentro de la canción. “Tus labios sangran cada vez que tramas algo”.
Dulces corazones
“Dulces corazones” abre un segundo capítulo de la banda, donde la sensibilidad inicial se transforma en algo más decidido y la voz explora el deseo, deslizándose entre líneas como un diario leído en voz alta. La atmósfera sigue siendo densa y nocturna, con un aire cinematográfico, como si algo estuviera por estallar pero se contuviera. Recuerda a aquellos discos adolescentes que escuchábamos en cassettes grabados, con una producción que mantiene las texturas que le dan cuerpo y honestidad. “Come de mi, adórame”. No es tan pop, es un rock que se escribe desde la adolescencia emocional, pero que no cae en obviedades.
Adicciones, coronas y flores
“¿Quieres desprender mi carne?” dice Antonia en “Adicciones, coronas y flores” mientras se prende fuego a sí misma. Es el deseo de desaparecer en el ruido, en e, Mar Venus, en esa tensión entre el esplendor fugaz y la derrota inevitable. De pronto el escenario ya no es un estudio ni un bar, sino una ciudad que respira sobre ti, con sus edificios y sus pasillos interminables. Es una canción intensa, que avanza como un corazón acelerado y que nace desde la cercanía, desde la electricidad que solo existe cuando una canción parece respirarte encima.

Mariposas
“Mariposas” llega como un respiro después de tanta intensidad. Una acústica que suena íntima, como si la hubieran grabado en el pasillo. Recuerda que el rock como tal no tiene por qué sostenerse siempre en la potencia y en la distorsión, también puede nacer de la fragilidad, como un susurro al borde de la cama. La sencillez no la hace menor; al contrario, la emparenta con esos unplugged noventeros que marcaron a una generación y que mostraron que el silencio, a veces, puede ser más potente que una guitarra. “Vuelan mariposas, vuelan cerca de mi y las miles de cosas se espantan”. Una de las mejores canciones que ha salido en mucho tiempo.
Atado a tu sentimiento
El single más conocido del disco entra aquí con otra fuerza. Hace unas semanas sonaba distinta, más liviana, pero dentro del álbum se tiñe de melancolía. Las guitarras van al frente con un pulso clásico, mientras que la producción no busca modernizar nada, al contrario, se apoya en una nostalgia que la banda asume como propia. Ese gesto los sitúa en un lugar particular dentro de la escena chilena. Anttonias se permite sonar a otro tiempo, abrazar la herencia del rock sin miedo al pasado. “Atado a tu sentimiento” lo sintetiza todo. Es un single que al entrar en el disco adquiere peso confesional, sosteniendo que la honestidad en la música es lo que realmente importa.

Cuerpo eterno
“Cuerpo eterno” es la canción donde Anttonias demuestra su ambición expansiva. El eje más potente del disco. La batería golpea con ambición —recordando a Oasis o a Primal Scream incluso— el bajo empuja hacia adelante, las guitarras se superponen hasta construir un muro de sonido que recuerda a los clímax shoegaze de My Bloody Valentine, pero con un pulso más brillante, más desplegado, más Johnny Marr. Es una canción que te envuelve, donde todo golpea con precisión, aplastando cualquier subestimación. Su sonido suena propio, inmediato, con la fuerza suficiente para imponerse sobre cualquier comentario infundado.
Alma animal
El disco cierra con “Alma animal” y lo hace con un golpe preciso. Es como entrar de nuevo a una habitación que pensabas vacía y encontrarte con todo lo que quedó atrás. Es un final que se siente denso y que se mantiene en el aire después de que termina. Como primer disco, es un cierre que anuncia a la banda con claridad. Hay riesgo, hay pulso y hay personalidad. Lo noventero se hace propio, lo emocional se siente inmediato, y lo que parecía disperso se transforma en un instante de tensión que queda flotando. “Alma animal” deja la sensación de que este debut aún tiene mucho que decir, y que lo que vino antes solo es el principio de lo que Anttonias puede hacer.


