Un viaje a los años 60 en Liverpool fue lo que se vivió la noche de este viernes en Sala Metrónomo. Los Fother Muckers, en su debut de 2026, presentó un show homenaje a una de sus más grandes referencias musicales: The Beatles.
Con la sala llena, el espectáculo se hizo esperar cerca de media hora entre una fanaticada que, a punta de silbidos y gritos, logró invocar la presencia de la banda en el escenario. Sin preámbulo, el conjunto se instaló por fin en sus posiciones e inició automáticamente con el guitarreo de I Saw Her Standing There. Tras calmar las ansias musicales del público, Cristóbal Briceño tomó la palabra para explicar que, si bien la cita anunciaba un viaje enmarcado entre 1963 y 1965, la jornada contemplaría una síntesis de ese período a través de un compilado de 28 canciones elegidas “con el corazón, con la nariz, con el instinto…”.
Con las pautas establecidas, el recorrido visitó brevemente los álbumes Please Please Me, With The Beatles, A Hard Day’s Night, Beatles For Sale y Help!. La banda explicó que esta propuesta se fundamentó en rescatar los años escénicos más efervescentes del cuarteto británico, una etapa en la que el proyecto estaba más concentrado en la interpretación en vivo que en la experimentación de estudio.

En esa línea, los integrantes mantuvieron una performance similar a la que desarrollaban The Beatles sobre el escenario: posiciones fijas, pero con un rock’n’roll vibrante en el cuerpo. Una energía que incitaba al baile entre los asistentes, quienes no dejaron de moverse al ritmo de los clásicos.
Durante las pausas, cada miembro de la banda dedicó palabras a la forma en que The Beatles los marcó y a la significancia del show, dejando ver la profunda influencia que los jóvenes de Liverpool tuvieron en la conformación del conjunto nacional.
El homenaje, además, contó con la sorpresiva invitación del multifacético integrante de Los Bunkers, Francisco Durán, quien llegó con su cuota de beatlemanía para engrandecer el tributo y elevar aún más la euforia del público.



Pese al calor, el ambiente se desarrolló de manera grata, permitiendo el baile, el disfrute y una nostalgia cómoda. Una jornada que logró revivir una época que aún resuena en millones de personas alrededor del mundo y que, la noche del pasado 30 de enero, se materializó en un pequeño rincón que todavía sabe vibrar al ritmo de la beatlemanía.

