El 15 de marzo se realizará la 98.* edición de los premios Oscar, instancia que busca reconocer a las mejores películas estrenadas el 2025, contando con títulos como Marty Supreme, Sinners, One Battle After Another, entre otras. Pero antes de adentrarnos en las nominadas, contextualicemos:
Los Oscar, o Premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, representan el mayor reconocimiento que existe actualmente en el cine, con cinco grandes categorías: Mejor Director, Mejor Película, Mejor Actriz y Mejor Guion. Los ganadores son elegidos por la Academia de Hollywood según el área respectiva de cada premio; es decir, actores eligen actores, directores a directores, y así sucesivamente. En el caso de la categoría de Mejor Película, toda la Academia se encarga de votar para determinar el resultado.
Comprendiendo esto, hablemos de One Battle After Another, la nueva película de Paul Thomas Anderson nominada a la categoría de Mejor Película 2026. Basada en la novela Vineland (1990) de Thomas Pynchon, la película sigue a Bob Ferguson, un hombre con un pasado revolucionario que se ve obligado a vivir escondido junto a su hija, Willa, hasta que un antiguo enemigo reaparece, forzándolo a retomar viejas costumbres y a rescatarla de las manos del Coronel
Lockjaw. En un escenario políticamente conflictivo, trasladado a la gran pantalla como una comedia brutal, One Battle After Another emerge como un filme que busca apelar a problemáticas actuales que afligen no solo a un país, sino al mundo entero.

PTA vuelve a abordar la historia desde una mirada sisifiana, algo ya presente en varias de sus obras como There Will Be Blood, Magnolia o Boogie Nights: el hombre condenado a cargar con el peso de su tiempo mientras queda atrapado en un ciclo sin inicio ni final. La película se mueve con un frenesí abrumador, pero nada parece desplazarse realmente. DiCaprio encarna a un hombre que aparenta luchar por cambiar las cosas, tanto a nivel político como familiar, pero que en realidad está atrapado en un sistema que lo obliga a recorrer siempre el mismo camino. Cada batalla ganada no es más que el inicio de otra. Aquí es donde radica lo sisifiano de la película; la ilusión de progreso.
La película aborda de forma directa el contexto sociopolítico global, marcado por un conservadurismo que parece reemplazar el pensamiento moderno. Si bien el peso político es evidente, Anderson lo equilibra con escenas genuinamente hilarantes que no le quitan seriedad al mensaje, sino que lo potencian. En el centro de esta narrativa se encuentra la relación padre-hija entre Bob (Leonardo DiCaprio) y Willa Ferguson (Chase Infiniti), un choque inevitable entre dos generaciones destinadas tanto a confrontarse como a comprenderse. Leonardo DiCaprio entrega una de las interpretaciones más sólidas de su carrera: un hombre asfixiado por la vida contemporánea, pero impulsado por un alma revolucionaria. En contraste, Sean Penn interpreta una figura aterradora, irreverente e inquietantemente carismática, peligrosamente familiar en el clima político actual.

Si hablamos de reconocimientos de la Academia, One Battle After Another ya ha sido ampliamente premiada, obteniendo galardones como Mejor Director, Mejor Película y Mejor Guion Adaptado en la 31.ª edición de los Critics Choice Awards. Además, consiguió nueve nominaciones en la 86.* edición de los Golden Globes, convirtiéndose en la película de 2025 con más nominaciones, donde obtuvo cuatro premios, incluidos Mejor Película (Comedia o Musical), Mejor Actriz de Reparto en una Película (premio ganado por Teyana Taylor, quien interpreta a Perfidia Beverly Hills), Mejor Director y Mejor Guion. De cara a los inminentes premios Oscar, el filme alcanzó 13 nominaciones, consolidándose como uno de los grandes favoritos de esta edición.

Todo en One Battle After Another se mueve velozmente dentro de un círculo perfectamente cerrado. No se trata de aceptar la carga de la contemporaneidad con dignidad heroica, sino de seguir empujando la piedra porque detenerse es imposible. La tragedia de esta historia no reside en el esfuerzo sin mérito, sino en la conciencia de que el ciclo, político, familiar e individual, seguirá repitiéndose una y otra vez, como una constante inevitable de nuestra historia.

