Candlebox en Chile: Un viaje intacto al corazón del grunge

Empezó quince minutos tarde, pero la espera no se hizo pesada porque sonó harto rock clásico y eso mantuvo el ambiente en lo alto, a pesar de la expectativa silenciosa en un público mayormente noventero, pero dispuesto desde el inicio. Se notaba que todos venían a dejar que el tiempo haga lo suyo, que las memorias colectivas pudieran ocupar por dos horas un espacio que estaba por ahí, suspendido en algún lado entre discos viejos, y canciones que en la adolescencia nos sonaban eternas. Y sí, ellos son de esas bandas que ya vienen de visita a casa como un amigo más.

Pero más allá de ese núcleo, la performance completa se iba percibiendo en los detalles  con solos de guitarra prolongados, el pulso de la batería siempre preciso y, aunque la acústica del recinto no siempre acompañó, con graves que por momentos se difuminaban demasiado, no opacaron la constancia de los músicos. Lo que se veía era un espectáculo que imponía sus propias reglas, sin perder el eje y manteniendo una estructura que no buscaba reinventarse ni impresionar, sino sostener una coherencia que, incluso con imperfecciones, permitía que se mantuvieran siempre andando con la misma fuerza.

En el Teatro Coliseo, Candlebox estuvo tremendamente a la altura, la voz de Kevin Martin, firme como siempre y sin esfuerzo aparente, dejó en silencio a todos mientras las guitarras fueron el protagonismo del show; precisas, limpias, con solos bien ejecutados que se tomaban su tiempo y mantenían el pulso del set con una naturalidad constante. Martin fue armando la dinámica de a poco, animó con un “chi chi chi”, habló de su experiencia con Chile e incluso compartió escenario con su doble nacional, creando momentos de intimidad con un público que dejó todo por responder con furiosa energía a esa trayectoria de más de tres décadas.

La banda se mantuvo sólida, entregando un show de alto nivel que tuvo un momento inesperado con “Hunger Strike” junto a Alain Johannes, un homenaje directo al grunge donde la figura de Chris Cornell se hizo presente. La intensidad cambió de inmediato, más pesada y cargada, sellando una conexión que invitaba a simplemente escuchar, aunque con el Coliseo lleno eso era difícil, pero Candlebox sigue demostrando cómo llevar un escenario sencillo de vuelta a los noventa.