Una noche memorable para los fanáticos del slowcore se vivió este 8 de octubre en el Teatro San Ginés; a solo pasos del Barrio Bellavista ocurre la primera presentación de Codeine en Chile, una banda que jamás pensamos ver en la capital. El trío neoyorquino, nacido en los noventas —Stephen Immerwahr (voz y bajo), John Engle (guitarra) y Chris Brokaw (batería)— pisó el escenario con su formación original, desplegando una noche cargada de emoción contenida y silencios necesarios.
El ambiente era sereno en la entrada del teatro. El público comenzaba a llenar el lugar de a poco, e incluso se vio a la banda antes del show. Chris Browak, baterista de Codeine, recibió regalos, firmó un par de vinilos y posters, se tomó fotos con fanáticos y les agradeció a todos por estar presentes.
A eso de las ocho comenzó el dúo chileno “Tierra de Fuego”, conformado por Gonzalo Valencia (La Ciencia Simple) y Gonzalo Navarro. Su presentación fue perfecta, entregaron toda la intensidad de su sonido krautrock y fue casi como un trance atmosférico que dejó el ambiente perfecto para el esperado inicio de Codeine.

El primer acorde del inconfundible sonido de John Eagle afectó de inmediato al público; era necesario comenzar con ‘D’ y “Cigarette Machine” de su característico álbum Frigid Star. Escuchar esta canción y a una banda como Codeine en vivo no era algo que se esperaba pronto en nuestro país, o que se esperara del todo, y parecía que sus fanáticos no podían creer que los estaban presenciando por fin en vivo.
Mientras pasaban las canciones, la intimidad que se sentía dentro del teatro iba creciendo y transformando a los oyentes. La entrega emocional de Stephen Immerwahr creaba ese ambiente íntimo y sincero; su voz parecía vulnerable, casi quebradiza a ratos, y se podía palpar la conexión de años que tenía el trío musical en el escenario.


La lentitud no era vacía: cada pausa y cada motivo de guitarra fuerte o despacio resonaba con un peso emocional profundo. Chris Brokaw, en entrevistas, ha dicho que muchas veces su música “no explota”, que su interés está en el espacio entre los acordes, el suspenso del silencio. Codeine toca lento, con espacios que inspiran a recordar y reflexionar, a sentir junto a su música.
El repertorio transitó por clásicos nostálgicos como Barely Real, Loss Leader, Median, la transición de Tom a Jr, con sonidos más estruendosos. Luego sonaba Sea, una canción sumamente melódica en el inicio, con espacios de estallos, seguían con el clásico que es Pick Up Song, y uno de los momentos más memorables; la versión de Atmosphere de Joy Division: una canción que Codeine ocasionalmente añade a su setlist, que ya es casi infaltable en su repertorio, y el público chileno tuvo la suerte de escucharla.

Llegando al final de la presentación sono Pea, también del aclamado Frigid Stars; la emoción se notó: lágrimas, susurros y miradas pegadas al escenario. Immerwahr con su voz y presencia inefable, Engle con su guitarra Telecaster distorsionada; generaba resonancia en el teatro; Brokaw soltó sus baquetas y cambió al bajo para que la interpretación de Immerwahr resaltará aún más.
La banda se retiró tan solo un minuto del escenario, como algo de protocolo y bromeando al respecto. Volvieron a salir felices y empezó a sonar Cave In, le siguió Promise Of Love, y el cierre fue simplemente mágico; Stephen Immerwahr se detuvo un momento para decir unas palabras: “Quisiera cerrar esta noche de manera dulce y dejarlos con un gusto alegre”, es aquí cuando comenzó a sonar la melosidad de Broken-Hearted Wine, el cierre perfecto para una noche tan introspectiva.
Sin duda, el 8 de octubre se recordará en la banda de muchos melómanos, fanáticos de lo lento y emocional, de los silencios necesarios y lo pesado. Codeine llenó el espacio en todos sus fanáticos, sin duda un show sorpresivo, que jamás esperamos presenciar con tanta cercanía. Para quienes aman la música emocionalmente honesta, para quienes valoran el silencio tanto como el sonido. Codeine dio prueba de que su música, aunque lenta, posee mucha intensidad.


