Hablamos con Marcos Crespo, mente y voz detrás de Depresión Sonora, en la antesala de su regreso a Chile. El proyecto español volverá a presentarse en Matucana 100 el próximo 11 de abril, en el marco de la gira “Vacaciones Para Siempre”, con la que se encuentra recorriendo distintos países y presentando su más reciente disco Los Perros No Entienden Internet y Yo No Entiendo de Sentimientos.
En la conversación, Markusiano reflexiona sobre la evolución del proyecto desde sus primeros lanzamientos en plena pandemia hasta este nuevo trabajo, marcado por una mirada más consciente sobre la escritura, el sonido y su propia forma de narrar emociones. También habla del vínculo especial que ha construido con Latinoamérica, recuerda su primer paso por Chile y repasa algunas de las influencias que han marcado su camino en la música.
Por Matías García.
¿Cómo estás viviendo esta gira que partió en enero en Bilbao y que termina en mayo en New York?
Al final, como me tuvieron que operar, he pospuesto unos conciertos que haré en mayo y creo que acabarán alargándose un poco más. Pero muy bien, estoy sorprendido. Acá en España voy a ir a muchas ciudades chiquitas. Al principio estaba un poco preocupado por cómo iba a ir, pero se está vendiendo todo en todos los sitios, en salas que son importantes, y estoy muy contento.
Lo estoy disfrutando mucho, porque estoy en un punto del proyecto en el que ya no estoy tan pendiente de algunas cosas que, cuando empiezas, tienes que estar ahí, tienes que ser un poco multitarea. Ahora puedo derivar un poco más. Solo debo cantar, tocar la guitarra, hablar con la gente y ser yo mismo, y es mucho más disfrutable.
Me gustaría que habláramos del disco, pero más que preguntarte simplemente cómo fue el proceso de creación —que supongo que ya te lo he preguntado muchas veces— me interesa tocar el tema de la evolución de Depresión Sonora. Comparado con el disco anterior, El arte de morir muy despacio, y también con el EP de 2020, en plena pandemia, se percibe una construcción mucho más consciente, tanto en el sonido como en las letras. ¿Ese cambio responde a una transformación personal, a una forma de reconocerte de otra manera dentro de la música, o fue más bien una decisión más deliberada?
Creo que soy incapaz de hacer algo deliberado. Creo que es algo que ha surgido de manera natural. Y si te vas fijando en los trabajos desde 2020, en comparación con este trabajo actual —y con El arte de morir muy despacio—, tiene todo el sentido del mundo. Ese disco es como ese punto medio. Ha habido una evolución muy coherente de todo y, al final, todo esto viene de la capacidad que uno tiene de desarrollar las cosas y de narrar y contar, ya no solo escribiendo letras, sino también haciendo música.
Cuando estuve haciendo la promoción del álbum hace unos meses me acuerdo de que ponía este ejemplo: cuando uno es chiquito y quiere dibujar una casa o un perro, tiene una imagen en la cabeza, pero al final acaba haciendo como un boceto, algo más feo, aunque transmite la intención. Y conforme te vas haciendo mayor y practicas esa capacidad de dibujar y de plasmar cosas, cada vez eres más capaz de representar esa imagen que tienes en la cabeza de manera más fiel sobre el papel.
Con este álbum siento exactamente eso. Esa idea que yo tenía en la cabeza y que quizá podría haber intentado hacer en los otros EP, pero que no era capaz de hacer porque no sabía cómo. Aquí sí he sido capaz. Sí cambia más el sonido, porque al final está mezclado por Chris Coady, que es el mixer de Beach House, Slowdive y de un montón de bandas, y ahí sí se nota. Capaz que los más puristas de Depresión Sonora se espantaron de que no lo mezclara yo mismo, pero todo lo demás —la producción, la música, las letras, la intencionalidad del mensaje, los sentimientos— siento que es mucho más real, menos encerrado, incluso más fuerte. Creo que crecí y que con los años voy consiguiendo esa capacidad de plasmar mejor lo que tengo dentro
Porque también se percibe un cambio en la manera en que te posicionas frente a tus propias ideas ¿Te sientes de alguna forma menos protagonista emocional y más observador en este disco?
Me siento protagonista, como siempre, pero ahora con mucha más conciencia de esos sentimientos. Más seguro, entendiendo mejor todo lo que me pasa. Tal vez incluso un poco más aburrido, porque cuando uno empieza a tener tanta claridad, el caos y la locura dejan de ser tan intensos. Pero sí, diría que ahora hay más conciencia y más seguridad en todo.

Estuve leyendo un par de entrevistas que hiciste últimamente para no repetirte las mismas preguntas, y vi que hablas bastante de cómo ha cambiado tu relación con la escritura. ¿En qué sentido sientes que ha ido cambiando?
Antes vomitaba más, ahora medito más e intento buscar la forma más acertada de decir las cosas, aunque melódica o métricamente encaje menos. Siempre he tenido ese problema. Suelo poner por delante la letra, el mensaje, antes que la música a la hora de escribir. Siento que ahora soy mucho más consciente y conciso con lo que quiero decir, y quizás las ideas ya no son tan abstractas ni tan generales.
El título del disco tiene algo casi inocente con esto del perro, pero en realidad el concepto es bastante potente. ¿Por qué ese título? ¿Tenías más opciones o siempre fue el único posible?
Llevo sabiendo ese título desde hace años. Yo creo que desde que terminé el álbum anterior ya sabía que se iba a llamar así. Primero fue el título y después fueron llegando los temas. Y también será así con el siguiente, porque ya sé cómo se va a llamar. Pero lo bonito es justo eso que decías, que es potente, pero a la vez tiene esa parte inocente del animal, del juego, de la vulnerabilidad de alguna manera. Cuando estaba haciéndolo estaba en un proceso de reconectar un poco con momentos de la infancia y de la niñez, sobre todo con la idea del juego, de pasarlo bien y de disfrutar las cosas que estabas haciendo.
Porque sí hubo un momento —hace como dos años— en que estaba bastante frustrado, con la sensación de que la música ya era solo una obligación, un trabajo, y que no había mucha diferencia entre hacer música y colocar tornillos en una máquina. No lo estaba disfrutando. Y justo ahí fue cuando encontré de nuevo ese punto inocente, ese punto de juego, haciendo el álbum.

Esto de lo analógico y lo digital también parece ser parte de nuestra generación y, de alguna manera, de Depresión Sonora. Desde la composición, ¿el disco busca escapar de internet o más bien asumir que ya es imposible hacerlo?
El disco es totalmente de internet. Pero ufff que buena pregunta, porque sí, muchas de las referencias del álbum vienen de ahí, de lo que escucho en internet, de videojuegos, de dibujos animados, de canciones viejas que de repente se vuelven virales y referencias. Todo viene de ese mundo cultural con el que crecimos.
Supongo que a ti también te pasa. Todo empieza con los dibujos animados, con jugar a la Game Boy cuando eres niño, y de pronto en la adolescencia aparecen las redes sociales, internet, y todo ese imaginario se va mezclando. Al final son referencias muy claras que tenemos en la cabeza, porque nunca hemos vivido en un mundo sin todo esto.
Internet está totalmente en el origen del disco, pero la forma de hacerlo sí intenta salir un poco de ahí. Intenté romperme la cabeza con la producción, buscar otros caminos y volver un poco a lo humano. Y lo humano, para mí, tiene que ver con el juego, con pasarlo bien, con disfrutar mientras haces música.

Ahora me gustaría centrarme un poco en la gira. Tienen fechas en Chile, Argentina, Perú, Colombia, Guatemala y México. ¿Cómo se viven los shows de Depresión Sonora en Latinoamérica?
Latinoamérica tiene algo especial. Es muy intensa, sobre todo en las capitales y en las ciudades grandes, donde todo se vive de otra manera, con mucha más emoción. Supongo que también tiene que ver con que aquí en España tocamos todos los años, muchas veces. En cambio, Latinoamérica está muy lejos y vamos cada bastante tiempo, porque es mucho más difícil viajar. Los vuelos son muy caros y hay que pagar a todo el mundo.
Esta vez, además, llevamos todo con nosotros. Las mesas de sonido, las guitarras, todo el equipo. Entonces se vuelve mucho más complicado organizarlo. Y creo que la gente que escucha Depresión Sonora y que viene a vernos lo sabe. Nos esperan durante años y llegan con muchas ganas, así que el concierto termina siendo un momento mucho más especial.
¿Hay algún momento en particular en qué sentiste que Latinoamérica dejó de ser “territorio nuevo” y pasó a convertirse en un lugar clave para Depresión Sonora?
Sí, hace mucho ya. Fue hace cuatro años, la primera vez que fuimos a México a tocar. Y fue una locura. Sacamos una sala de un aforo de, creo, unas 700 personas y se vendió inmediatamente. Abrimos una segunda fecha y también se vendió al instante. La gente estaba completamente loca, buscando entradas, gritando todas las canciones.
En ese momento el proyecto tampoco era gran cosa, porque acababa de empezar y todo era muy precario. Yo lo llevaba prácticamente solo. De alguna manera era muy punk, muy directo, y a la gente eso le daba igual. Les apasionaba.
¿Y Chile como fue?
Chile fue especial porque fue el cierre de la gira. Era nuestro último concierto. Después de estar tres semanas tocando todo el tiempo estábamos muy cansados. Además era la primera vez que pasábamos tanto tiempo fuera de casa, así que fue un final muy bonito. Nos acogieron muy bien en Blondie. Había de todo, había punks, otakus, emos, incluso gente mayor de 50 años con camisetas de Joy Division. Fue muy bonito ver a toda esa gente tan distinta reunida en el mismo lugar.
Después terminamos de fiesta en un departamento. Al día siguiente fuimos a comer y fue ese momento típico cuando estás girando y llegas al último día y dices “hasta aquí”. Solo queda disfrutarlo. Además es una ciudad muy importante para el proyecto, porque Santiago de Chile es una de las ciudades donde más se escucha Depresión Sonora.
En los últimos años se ha hablado bastante de una nueva generación de bandas españolas que, de alguna manera, parecen dialogar entre sí. Pienso en proyectos como ustedes, Carolina Durante o Alcalá Norte, bandas que están haciendo cosas muy interesantes y que parecen formar parte de un mismo momento. ¿Realmente existe una comunidad o una relación personal entre ustedes?
Sí, justo los que mencionas son amigos. Sobre todo con Alcalá Norte tengo mucha relación. Con Carolina Durante, por ejemplo, compartimos sello y nos llevamos muy bien. Es que en verdad España no es tan grande, acá nos conocemos todos.

Te pregunto esto porque en Chile en los últimos años ha surgido una escena muy joven con bandas que dialogan con ese sonido medio post-punk, medio oscuro, como Hesse Kassel, Asia Menor o Candelabro, y se nota bastante una comunidad y una amistad entre ellas. No sé si has estado escuchando algo de música chilena reciente o alguna banda latinoamericana que te haya llamado la atención últimamente.
Sí, Candelabro me gusta mucho, soy muy fan. Me parece una banda con una sensibilidad especial para escribir canciones, y que ahora estén trabajando con Sonido Muchacho en España también habla de lo que están generando. Los iré a ver ahora que vienen. Y también Anttonias tienen una canción que me gusta muchísimo. Son muy jóvenes, pero ya se nota que tienen algo propio.
¿Y de Latinoamérica?
Justo llevo varios meses escuchando mucho a Soda Stereo y a Gustavo Cerati. Ahora quizá un poco menos porque me he obsesionado con otras cosas, pero hubo pegadísimo. Porque aquí en España nunca llegó. El Signos y el debut me encanta porque le mete cosas medio ska. Pero en verdad todas las etapas. Cada disco tiene algo distinto.
Ahora, para ir cerrando, hay algo de lo que tenía muchas ganas de hablar contigo. Porque nunca había tenido la oportunidad de conversar con un músico español sobre Robe. Para mí fue una figura enorme, casi un faro generacional. De hecho, lo llevo tatuado. Su muerte me golpeó mucho. Desde este lado del mundo el impacto se sintió fuerte —Chile es un gran consumidor de música española—, pero imagino que en España tuvo una dimensión todavía más profunda, más cultural e incluso política. Entonces quería preguntarte dos cosas. Primero, cómo te marcó Robe en esto de empezar a hacer música. Y segundo, cómo viviste tú su muerte.
Sí, fue fuerte. Lo hablé con mucha gente muy distinta cuando pasó y todos teníamos una sensación parecida, como si se hubiera muerto un amigo o un familiar, ese tipo de dolor cercano. Además fue muy de repente, y coincidió también con que murió un par de días después Jorge Martínez de Ilegales, entonces fueron días bastante raros para mucha gente que creció con esa música.
En mi caso, Extremoduro está muy presente incluso en El arte de morir muy despacio, donde hay varias referencias. Pero más allá de eso, me marcó mucho en un nivel filosófico, en la forma de entender las canciones, de escribir y de hacer música. De adolescente fue una puerta de entrada muy grande a la música en español, a tocar la guitarra, a montar un grupo y a tocar canciones de Extremoduro, y de hecho uno de mis primeros conciertos también fue viendo a Extremoduro en directo, así que fue algo que me marcó muchísimo.
Si tuvieras que elegir una frase de Robe que te haya marcado, ¿cuál sería?
Tengo muchas, pero siempre he dicho que de adolescente tuve un episodio amoroso que me marcó mucho, y con 14 años la canción que se me quedó muy grabada fue el Cuarto Movimiento de La ley innata. Y otro disco que también me marcó mucho a nivel emocional fue Extrechinato y Tú, con Platero. Y no sé, es que a Extremoduro lo he escuchado muchísimo. Es muy difícil elegir.
¿Te da vértigo imaginar que, para algunos chicos, tus canciones puedan significar lo que las de Robe significaron para ti?
No lo había pensado la verdad. Me resultaría un poco fuerte. Pero seguro que algo pasa, porque cuando los veo es una locura jaja. Igual siempre diría que no idealicen demasiado a nadie, porque al final todos somos personas normales. Pero también entiendo que la música genera eso, y es bonito que alguien pueda refugiarse en una canción o en un proyecto de esa manera.
Ahora, para terminar, ¿qué podemos esperar de esta segunda visita de Depresión Sonora a Chile?
Pues va a ser diferente a la última vez. Ahora vamos cinco músicos, con batería y sintetizadores, así que el show es mucho más completo a nivel musical. Suena mucho mejor y también es más largo.
Repasamos todos los trabajos y además rescatamos canciones que no tocaba desde hace años, que ahora recuperamos y arreglamos con toda la banda. Así que nada, animo a la gente que si le gusta el proyecto, o si le gustó el último disco, que se acerque, porque creo que lo va a pasar muy bien.

