Con una música forjada en habitaciones y alimentada por una base de seguidores que creció casi en silencio, Men I Trust llega a Lollapalooza donde esa intimidad se traslada al escenario, presentándose el viernes 13 de marzo con sideshow agendado un día antes en sala metrónomo.
La experiencia de verlos en vivo es la de un concierto continuamente tranquilo, alejado de los shows de alta energía que dominan la mayoría de los festivales. La banda sube con lo esencial —su sonido, su música— y la simpleza termina jugando a su favor. Ese formato minimalista hace que el set suene más real, crudo e íntimo, un contraste claro frente a la mayoría de los shows que comparten escenario.
Pero esa calma de sus shows no responde a una falta de energía. Men I Trust construye un espacio donde escuchar con atención importa. Con líneas de bajo que laten con claridad, guitarras y capas de sintetizador que crean atmósferas envolventes, y la voz de Emma Proulx siempre al frente, sus canciones funcionan igual de bien en audífonos que en vivo, solo que ahora cobran una textura física diferente.

Men I Trust sostiene el concierto desde la suavidad y el detalle. No hay intención alguna de empujar al público. El show avanza con naturalidad, dejando que cada canción encuentre su espacio y se asiente como un punto de encuentro, marcado por la nostalgia y una calma persistente.
Muchas de las canciones de Men I Trust ya vienen cargadas antes de sonar en vivo. Cada persona llega al concierto con su propia versión de ellas. Por eso, cuando finalmente aparecen en un escenario como el de Lollapalooza, se deslizan como si ya conocieran el lugar porque ya saben a donde ir. Un respiro dentro del festival.


