No tocaron “Like a Friend”. Pero cuando nos hicieron elegir entre “Help the Aged” y “Seconds”, cuando sonó “The Fear”, supimos que la intención de Pulp parecía ser otra, tenían ganas de mirar un poco más allá de los clásicos de siempre, avanzando como una exploración de los rincones menos transitados de su discografía. El público respondió con el mismo entusiasmo tanto a los clásicos como a esas canciones que aparecen con menos frecuencia en los repertorios de la banda. Hubo una sensación constante de descubrimiento, de no saber exactamente qué vendría después, algo que terminó convirtiéndose en uno de los mayores aciertos de la noche. Sobre todo con el hermoso final con “Open Strings”.
La noche tuvo una atmósfera distinta desde el comienzo, distinta a su última presentación en el Fauna Primavera en 2023. Esta fue una presentación mucho más cercana en espíritu y sin duda uno de los mejores conciertos del año. Pulp regresó a Chile ofreciendo un concierto que se sintió como una conversación abierta entre una banda y una audiencia que ha crecido junto a sus canciones. Durante dos horas y un poquito más, el grupo británico recordó que su legado va mucho más allá de cualquier definición asociada al britpop de los noventa.

Gran parte de esa conexión sigue dependiendo de una figura imposible de ignorar. Jarvis Cocker, a sus 62 años, conserva intacta la capacidad de capturar todas las miradas. Se mueve por el escenario con esa mezcla de elegancia desgarbada y teatralidad que siempre lo distinguió, transformando cada canción en una pequeña escena cargada de humor, ironía y emoción. Entre tema y tema intentó comunicarse en español, improvisando comentarios que provocaron risas y aplausos, mientras el público respondía con una complicidad que fue creciendo a medida que avanzaba la noche.
Pero reducir el concierto a su carismático líder sería injusto. Nick Banks, Candida Doyle y Mark Webber —y la demás banda de respaldo— sostuvieron cada momento con una precisión increíble. Lo que ocurrió sobre el escenario no fue simplemente la ejecución impecable de un repertorio conocido, sino la demostración de cómo estas canciones siguen encontrando nuevas formas de resonar décadas después de haber sido escritas.

Hubo espacio para el baile, para los coros multitudinarios y también para esos instantes más silenciosos en los que miles de personas parecían observar con asombro cómo una banda que durante años pareció inalcanzable para el público chileno sigue sonando vital. Porque si algo dejó en claro Pulp en nuestro país es que la nostalgia, aunque inevitable, nunca fue el centro de la historia. Lo verdaderamente importante ocurre ahora, con la confirmación de que estas canciones siguen hablando de deseos, inseguridades y sueños que siguen encontrando eco en el presente. Y esa capacidad de conectar con la vida cotidiana, incluso décadas después, sigue siendo uno de los mayores logros de Pulp.
We Love Pulp por siempre.


