The Adicts en Chile: La revolución sonríe por última vez

Una intensa jornada de punk rock se vivió la noche del 8 de octubre en el Teatro Coliseo, donde la banda inglesa llegó a presentar su gira de despedida, marcando así su adiós definitivo a los escenarios. Y como no podía ser de otra manera, se vivió como una verdadera fiesta: hubo puesta en escena, un puñado de clásicos y una fanaticada enardecida.

La previa estuvo a cargo de Paranoia, que a eso de las 20 horas animó a los fanáticos que ya se agolpaban en las primeras filas. A medida que el público seguía llegando, la banda nacional logró que se desataran los primeros pogos de la noche.

En un Teatro Coliseo que se abarrotó casi a la hora prevista, finalmente todo comenzó pasadas las 21 horas, cuando se apagaron las luces y poco a poco fueron apareciendo los miembros de la banda vestidos de blanco, con la estética de los ‘droogos’ inspirada en La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick. De hecho, en esta apertura comenzó a sonar la icónica introducción de la película. El último en llegar fue el líder y frontman de la banda: Keith ‘Monkey’ Warren, con un traje con alas y lentejuelas para arrancar lo que sería una locura total.

El frenesí colectivo comenzó cuando abrieron con “Let’s Go”, mientras el confeti caía sobre el público para encender la fiesta. Inmediatamente después sonó una de las canciones más icónicas de la banda, “Joker in The Pack», donde Monkey lanzó cartas de naipes al público y el mosh pit no se hizo esperar.

Poco a poco fueron sonando clásicos como “Tango», «Numbers» o «Steamroller», donde Monkey desplegó todo su histrionismo y teatralidad para encender la euforia de un público que coreaba cada himno y no dejaba de hacer pogo. Durante varios pasajes, serpentinas cayeron sobre los asistentes, sumando jolgorio a la jornada. El segundo al mando, el legendario guitarrista ‘Pete Dee’, también animó la fiesta e interactuó con la fanaticada, mostrándose siempre cercano y sonriente.

El clímax de la noche se anticipó con clásicos como “Chinese Takeaway” y “Bad Boy”, coreadas a todo pulmón por un público que para entonces ya estaba en llamas. Pero bastó con que Monkey soltara un ‘¡viva!’ para que se desatara la histeria colectiva. En ese instante comenzó a sonar “Viva la Revolution” y el Teatro Coliseo casi se vino abajo, lo que hizo que el mosh pit alcanzara su punto más álgido.

El final estuvo marcado por una lluvia de confeti y globos gigantes que la gente levantaba mientras coreaba otro clásico: “You’ll Never Walk Alone”. La banda ya daba indicios de que la fiesta llegaba a su fin, y en un guiño a La Naranja Mecánica, comenzó a sonar el último movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven. Con las luces encendidas, cada miembro se despidió de una fanaticada que lo dio todo en el último concierto de The Adicts en Chile, y no podía ser de otra forma que con mucho jolgorio.