MFest 2026: una cartografía del cuerpo y la electrónica

Con la apertura de Chicarica, pasando por la electrónica intensa y física de Ela Minus, hasta Rubio y su conexión directa con la audiencia, el MFest 2026 en Matucana 100 dejó en claro desde el primer minuto que era, ante todo, una fiesta colectiva.

Desde las 18:30 horas se abrieron las puertas del MFest en Matucana 100. La tarde caía pesada sobre la ciudad y la explanada comenzaba a recibir a un público que llegaba con tiempo, buscando sombra y un buen lugar frente al escenario principal bajo los 33 °C que marcaba el termómetro.

Media hora después, entre humos aparece Chicarica. Los espectadores se acercan de inmediato a la plataforma de M100. La banda, que regresa a Chile tras su gira por México, retoma contacto con sus seguidores mientras el sonido comienza a ordenar la zona y preparar a la gente para el inicio de la presentación. Tras cuatro canciones, el trío se detiene brevemente para agradecer: es la primera vez que están ahí, dicen, felices. Agradecen haber llegado temprano y soportado el bochorno. “Bueno, somos Chicarica”, añaden antes de proseguir.

Para las 20:00 horas, el espacio ya alcanza cerca de la mitad de su capacidad total. El público baila, el ambiente se vuelve más distendido y el calor comienza a bajar. La sombra avanza sobre el espacio mientras el sonido de Chicarica sigue marcando el ritmo. Unos 20 minutos después, el grupo se despiden levantando las manos y el aplauso se mantiene sostenido mientras el público se dispersa parcialmente: algunos buscan descanso y otros continúan recorriendo el festival, esperando el siguiente show. 

Durante el recambio técnico, las pantallas anuncian la presentación de Ela Minus, productora y cantante colombiana radicada en Estados Unidos, conocida por su trabajo en electrónica, sintetizadores modulares y una puesta en escena minimalista y con presencia directa; su propuesta combina ritmo, cuerpo y control total de sus máquinas, sin banda ni acompañantes en la performance.

Comienza un conteo regresivo de 75 minutos que dialoga con su propuesta visual y gráfica, la misma que aparece también en su merchandising. La expectación crece mientras el sol ya termina de caer. Ela Minus sube al escenario y se posiciona frente a su sintetizador modular —una estructura grande, repleta de cables, perillas y botones— dando la espalda al público. Desde ahí inicia su show y los primeros ruidos provocan aplausos y movimientos que rápidamente unieron a la multitud.

Al comienzo no se entendía del todo la decisión de tocar de espaldas. Minutos después, la pantalla revela la propuesta: Ela aparece de frente, con el público proyectado detrás de ella. La atmósfera se vuelve más densa, el cielo ya oscuro y el escenario iluminado por luces que terminan de encender el espacio. La máquina de humo acompaña mientras la gente salta y baila en una tarde ya ganada.

Ela se mueve con seguridad sobre las tablas. Vuelve a sus sintetizadores, toma el micrófono, canta junto al público y en uno de esos desplazamientos enrolla el micrófono en su cuello mientras sigue trabajando sobre la máquina, sin detener el flujo del show. Más tarde, en busca de mayor comodidad, se quita los zapatos y sigue la presentación; minutos después vuelve a ponérselos y comenta entre risas: “me quité los zapatos y me arrepentí”.

Su repertorio cada vez más sube la intensidad. Interpreta “Broken”, donde el público alcanza su peak y la explanada completa salta y baila siguiendo el pulso del tema. Le sigue “QQQQ”, que mantiene a la gente en movimiento, y más adelante “Upwards”, momento en que el público vuelve a sobreanimarse.

Al terminar una de las canciones, Ela forma corazones con sus manos. La la aplaude mientras responde con reverencias y vuelve a dibujar corazones hacia el público. Pide que el cierre sea acompañado por un fade out construido con el aplauso colectivo y se presenta con calma: “yo me llamo Ela Minus, gracias por compartir esta noche conmigo”.

Luego interpreta “Combat”, el ritmo mantiene al público en movimiento hasta el final. La música baja de a poco, las luces se apagan y el aplauso vuelve a llenar el espacio, cerrando un show intenso.

Alrededor de las 22:30 horas, el público comienza a aplaudir con energía para dar inicio a la última presentación del día: Rubio. La explanada vuelve a concentrarse frente al escenario, con un ambiente ya nocturno y más relajado, pero siempre atento.

Antes de subir, Fran Straube comparte con la organización que en febrero publicará nuevo disco, un adelanto de lo que viene. La química entre banda y audiencia es evidente: las canciones viajan por distintas emociones, pasando de la quietud al movimiento con extra naturalidad.

En un momento del set, Fran invita a Ela Minus a subir para cantar “Silencio”, un gesto íntimo que refuerza la atmósfera de la jornada. Hacia el final del show, interpreta “Seres invisibles”, “Ir” y “Pájaro Azul”. El público acompaña especialmente la primera canción, cantando y moviéndose con la banda. La conexión se sostiene mientras avanza el setlist, y cada tema marca la diversas complicidades con sus fans.

Con la salida de Rubio, la organización dio paso a un after party, cerrando la jornada del MFest 2026 e invitando a Sonido Tupinamba, Paula Tape y Aeróbica, junto a la performance de House of Keller. Este cierre marcó un broche de oro para la jornada: el público continuó disfrutando la música, conversando, bailando y compartiendo en la explanada, mientras la noche se fue asentando con una sensación de cierre completo y satisfacción general, inmortalizando un festival donde la música, el público y el espacio se complementaron en perfecta sintonía.