“Dear, I fear we’re facing a problem”: vaticina la canción que significó tanto un éxito como un dolor de cabeza para The Cardigans. El tema que todos hemos gritado en nombre del delirio romántico, que lanzó al éxito a la banda sueca, que los enjauló y que terminó por incentivar una tragedia mortal para Nina Persson.
El impacto de Lovefool expuso la distancia entre la lectura comercial de The Cardigans y su verdadera identidad musical. Ese desajuste marcaría el rumbo de sus siguientes discos y explicaría el giro sonoro que vendría a fines de la década, un recorrido que hoy puede leerse también en vivo, con The Cardigans presentándose el 10 de febrero en el Teatro Caupolicán.
Los 90 ya entraban en su recta final cuando The Cardigans alcanzó una explosiva fama gracias a “Lovefool”. El tema se convirtió en un fenómeno global tras aparecer en Romeo y Julieta (1996), una película que no solo fue taquillera, sino también un símbolo del consumo juvenil de la época. La “DiCaprio-manía” estaba en su punto máximo y cualquier producto asociado al actor se transformaba automáticamente en un éxito inmediato.

La banda sueca pasó así a formar parte del soundtrack sentimental de una generación adolescente, expuesta a un pop cada vez más diseñado para el mercado.
Sin embargo, ese éxito tuvo un costo. La popularidad de “Lovefool” instaló a The Cardigans en un nicho que no representaba en profundidad su identidad musical, acercándolos más a una lectura de “pop liviano” que a la propuesta que verdaderamente querían desarrollar.
Detrás de la estética limpia y la voz suave de Nina Persson, varios de sus integrantes tenían influencias más pesadas —algunos incluso ligados al metal— y una relación mucho más compleja con la melancolía, la ironía y el rock. Si bien musicalmente podían endulzar el ambiente, sus letras siempre portaban algo más oscuro. El problema estuvo en que la lectura de la banda se quedó estancada en el sonido encantador y no en la ironía que la lírica quería aliar.

Con Gran Turismo (1998), la banda pareció reaccionar frente a ese estancamiento. El disco endureció el sonido: pasaron de instrumentos clásicos a usar Pro Tools, loops de batería y guitarras distorsionadas. Fue un disco frío, moderno y oscuro, cargado de guitarras más densas y una atmósfera más seria.
Gran Turismo funciona como un giro deliberado, una manera de dejar claro que la banda no era un hit romántico aislado, sino un proyecto con otra profundidad y otro pulso, mucho más cercano al rock alternativo que al pop adolescente.
El gesto más explícito del giro quedó en la producción del videoclip de “My Favourite Game”, en el que la propuesta incluye múltiples formas en que la vocalista pierde la vida al manejar un auto.
El video fue tan controversial que se censuró en distintos países y cadenas (incluyendo MTV), dejando uno en el que solo va conduciendo por la carretera, escuchando la radio y cantando la canción. Sin embargo, las otras propuestas lograron hacerse públicas, dejando en jaque la limpieza que la industria sugería.

